Verdades Revelacionales


Yo quisiera discutir algo contigo, lo cual es de la más grande importancia para el alma o bienestar de uno concerniendo su salvación. Este sujeto concierne el llenamiento del Espíritu y la necesidad de bautismo.

Somos hechos a realizar que línea sobre línea y precepto sobre precepto, la promesa de esta experiencia necesitada y sobresaliente es precorrido por el bautismo de agua.

Así es, que el propio modo de acercar a este sujeto es profundamente declarado en el segundo capítulo del libro de los Hechos, porque aquí vemos el interés de Dios hacia este sujeto.

El Apóstol Pedro, habiendo sido escogido por Cristo para abrir la puerta del reino a ambos judío y gentil, ejercita su autoridad así como trae el golpe devastodor contra el reino de Satanás, por adoctrinar la gente con el entendimiento que el arrepentimiento, bautismo, y el llenamiento del Espíritu es un deber en el plan de Dios, en que El los ordenó a este desempeño entendido en Cristo.

Algunos tratarán de llevarte a creer de que el llenamiento del Espíritu no es necesitado como al acto de salvación. Tienden a creer de que todo lo que tienes que hacer es tener una voluntad. Pero Pablo dijo de que como tú has tenido una voluntad, entonces tú también tienes que tener un desempeño.

Entonces hay tres modos de bautismo, lo cual Pablo refiere a como la doctrina de bautismos. Estos modos de bautismo son asemejados a la divinidad, eso es a decir, son un tres-en-uno. Dios, el Espíritu Santo, en Su origen tanto como la concepción humana es interesada, puesto que sabemos de que Dios mismo no tiene un origen, porque El era y es y será, es conocido a nosotros como Dios el Padre, el gran Espíritu eterno o El que existe de Sí Mismo en el principio.

Después que El, como la Palabra, se ha hecho carne, o (como nosotros lo terminaríamos en expresión humana) ha personificado El Mismo en Cristo Jesús, lo reconocemos a El en el segundo paso de Su oficio como el Hijo de Dios.

La tercera cosa que deseamos de perfilar en nuestra descripción de Dios, es que en esta tercera proyección dimensional de la divinidad, Dios es conocido como el Espíritu Santo o el Santo Espectro, porque después que el velo ha sido rompido, o la tumba corporal de personificación se ha abierto en el Calvario, sale fuera un Espectro Divino de humanidad cual se ha conformado a una imagen física o humana, en cuanto el reconocimiento humano y la concepción es concernido.

Nuestras mentes finitas, cuales no podían comprender el Dios omnipotente, han concebido, al fin, una compresión personificada del gran Espíritu inpersonificado, porque en Cristo El es visto en Su plenitud.

Ahora pues, sabemos como Dios es parecido, y en cual manera de vida El se porta Sí Mismo. Sus grandes atributos de compasión, deseo, y esfuerzos concerniendo la vida y la humanidad al fin son conocidos, o se han hecho manifestados a nuestros ojos mortales o a nuestro entendimiento. Nosotros, por tanto, hemos comprendido a Dios en Cristo.

Así es que vemos por que es un deber de ser bautizado en el nombre de Jesús Cristo. Es declarado en las Escrituras de que no hay otro nombre dado debajo de los cielos o entre los hombres que tiene salvación por lo cual podemos ser salvos. En todas las referencias Escriturarias tocante los Hechos de los Apóstoles, ellos tienen no más una doctrina, todos de ellos viendo ojo a ojo, hablando la misma cosa, continuando afirmadamente en la doctrina de los Apóstoles.

Aunque esté en Hechos el capítulo ocho, con Felipe predicando, o el capítulo diez, donde Pedro está predicando, o el capítulo diezinueve donde Pablo está predicando, los vemos a ellos todos dando énfasis al nombre Jesús concerniendo el bautismo como la entrada en el reino de Dios.

La razón para el bautismo es porque somos bautizados en Su muerte, habiendo sido plantados juntos con El en la semejanza de Su muerte. Por tanto, por medio de Su nombre glorioso, somos levantados juntamente en la semejanza de Su resurrección. Habiendo, por lo tanto, puestos a Cristo, somos libres de las imperfecciónes del viejo hombre Adán, y ahora somos casados a un otro, aún al Cristo resucitado. Ahora, con Pablo, podemos decir “No soy Yo el que vive, mas Cristo que vive en mí, y la vida que ahora vivo, la vivo por el Hijo de Dios.”

Así pues, vemos que la doctrina de bautismos, como delineados en las Escrituras, es primero la agua, cual corresponde al diluvio en el día de Noé, o a nuestras partes corporales; la agua, por supuesto, siendo la línea vital de toda vegetación. Esto satisface al Judío, cuya herencia es natural, y de la tierra.

El segundo es la sangre, cual es la línea de vida de toda anatomía humana, siendo la herencia de los Gentiles, puesto que la vida está en la sangre, porque de ellos consiste mayormente una vida médica de preservación por medio de investigación humana. Esto, por supuesto, responde a la sangre del Calvario.

Terceramente, tenemos el Espíritu, cual iba ser derramado en los postreros días sobre toda carne, teniendo su origen en Pentecostés. Esto, naturalmente, es la herencia de los Santos (la iglesia). Nosotros marcamos esto exactamente con punta de alfiler al rapto, puesto que nuestra herencia es espiritual.

Así pues, vemos el agua, el fuego (sangre), y el espíritu. Uno al cuerpo, uno al alma, y uno al espíritu: tres obras definidas para hacernos completos en El, creado en Su imagen, por el acto de Dios (cuerpo -- alma -- espíritu), como un tres-en-uno, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, porque nos dicen en las Santas Escrituras de que estos tres son uno.

En conclusión de lo que hemos expresado, aunque realizamos de que la entereza de las Santas Escrituras son con la intención de ser una proveedora y guía para todas de las necesidades de humanidad, sin embargo, en medio de nuestros estudios y nuestras investigaciones, descubrimos una verdad profunda, de que, hablando mayormente, el Antiguo Testamento con su ley, le pertenece al Judío (mundo de agua -- vegetación), cual denota la edad de Paternidad.

El Nuevo Testamento, con su gracia, le pertenece a los Gentiles (mundo de sangre), cual enseña la relación así al Hijo.

El Testamento Espíritual, cual es referido como el libro de Revelación, con su fe revelacional o su amor de Dios expresado (caridad), pertenece a los Santos de Dios o la iglesia (mundo espiritual o angelical), cual denota la época del Espíritu Santo.

La primera época enseña el Padre, la segunda da la madre (dolores de parto al Calvario), y terceramente tenemos los hijos de Dios.

Por el Rev. George Leon Pike Sr.

Fundador de Jesus Christ’s Eternal Kingdom of Abundant Life.

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Santidad Ante El Señor